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10/7/09

De las fantasías y el deseo sexuales


Históricamente, las fantasías eróticas, con frecuencia cargadas de cierta "perversión", se consideraban un síntoma de enfermedad mental, en especial las que se alejaban de construcciones heterosexuales clásicas. En algunas religiones, era (y es) pecado, pues el concepto de pecado abarcaba no solo la esfera de lo real, de los hechos, sino también el mero pensamiento. En general, con o sin religión por el medio, solían considerarse conductas aberrantes fruto de una profunda insatisfacción o incluso una criminalidad implícita reprimida. En un pasado en el que no se comprendía bien la naturaleza humana, la ética, la moralidad y los valores culturales se extendían no solo a la conducta humana mostrada, sino también a la inhibida. Por tanto, no era descabellado pensar (al menos no había razones para pensar lo contrario) que las fantasías humanas eran deseos ocultos o reprimidos y por tanto se podía leer en ellas la verdadera naturaleza de las personas. Y tenemos a Freud, todo un ejemplo histórico de sexualidad reprimida, interpretando sueños y fantasías y construyendo elaboradas pajas mentales sobre el pasado traumático del paciente, en el que casi siempre el padre abusaba sexualmente de él. Pero no, las fantasías no son deseos ocultos ni reprimidos.

Valérie Tasso nos explica en su Antimanual de sexo que la fantasía y el deseo sexuales son representaciones mentales de carácter narrativo que se generan apoyándose en nuestra capacidad imaginativa. Ambos son sustanciales en nuestra condición de seres sexuados, pero son construcciones diferentes:

El deseo sexual explora nuestro imaginario erótico para nutrir esa puesta en práctica del sexo. En su tarea de composición de un deseo concreto, examina nuestro código de valores y decide, a través de él, que lo deseado es apto para ponerse en práctica. Sin embargo, la fantasía sexual nos enseña hasta dónde podemos llegar, a qué sabe el límite. La fantasía es el mapa mundi de nuestro imaginario y en su labor de redacción, no se somete a código moral alguno, por lo que rebusca sin miramientos en la caja de los miedos y saca al teatrillo, cuando le apetece, a los fantasmas; a los actores de la fantasía. La fantasía sabe que se lo puede permitir, porque su obra nunca va a ser representada. El deseo erótico excita, mientras que la fantasía erótica "propone" que nos excitemos. Por tanto, el deseo sexual es realizable a poco que las circunstancias de nuestra vida lo permitan. Tiene nuestra aprobación moral y nuestro ánimo. La fantasía sexual nunca es realizable, si de nosotros depende, y ni siquiera es muchas veces "confesable".
Por eso las fantasías pueden ser "inconfesables" (quizá estadísticamente más en los hombres que en las mujeres, ya veremos por qué) porque no dependen de nuestro sistema de valores, son pura imaginación, y en ese alarde de creatividad libertina y amoral, pueden construirse mentalmente situaciones que serían "espeluznantes" en la vida real. No debemos asustarnos, es algo natural, mientras solo suceda en el reino de la fantasía, y no, no hay que tener miedo, no es fácil que trascienda los muros de la fantasía para entrar en el de la realidad, así que podéis estar tranquilos. No sois unos monstruos.

Si echamos un vistazo al imaginario erótico de hombres y mujeres, veremos que aunque las fantasías no entienden de género, y hombres y mujeres pueden tener las mismas, quizá en general las del elenco masculino tienden a ser algo más atrevidas a la par que socialmente peor aceptadas. No hay que perder de vista que las diferencias biológicas propias del dimorfismo sexual de nuestra especie, además de la apariencia física, también abarcan la estructura cerebral y, por consiguiente, a determinados aspectos del pensamiento y la conducta; y en segundo lugar, como factor cultural, podemos señalar los diferentes roles que a lo largo de la Historia han sido sistemáticamente inculcados a hombres y mujeres en la sociedad, si bien esto a su vez bien podría ser una consecuencia de lo primero y estaríamos cerrando el círculo. Pero volviendo al terreno biológico, recordemos que en el reino animal es frecuente encontrar asociados sexo y violencia, y ambas cuestiones son reguladas bioquímicamente por hormonas sexuales, siendo la principal la testosterona. A mayor cantidad de testosterona, mayor potencial de violencia posible. Los hombres, por naturaleza, tienen más testosterona que las mujeres, así que el hecho de que la violencia rodee o se halle de algún modo presente en algún aspecto de la realidad en los varones, entra dentro de lo esperable. De este modo se entiende que las fantasías masculinas presenten habitualmente más violencia y atrevimiento, en términos generales, que las femeninas, encontrando fácilmente fantasías de dominación y encuentros en lugares públicos o bajo presión de algún tipo. También es habitual la fantasía lésbica y los tríos con dos mujeres que quizá se pueda considerar también una manifestación más de la natural virilidad masculina.

En el caso del hombre, aunque son habituales las fantasías que implican infidelidad, otro tema de encendida polémica con el sexo opuesto, quizá la fantasía con mucho más controvertida de todas, la más inconfesable, sea la violación. Las mujeres no la toleran, se sienten amenazadas. Pues esta fantasía no es nada atípica, sino relativamente frecuente. Suponer que si se imagina es que de algún modo se desea o que no disgustaría la idea, es un craso error de interpretación. Algunas películas porno incluyen entre sus escenas una violación y hay mujeres que afirman fantasear con la idea de ser violadas con violencia y dolor (aunque se podrían discutir los matices de esa supuesta violación imaginada). En cualquier caso no debe asustar ni chocar. Los hombres no deben sentirse unos monstruos y las mujeres no deben sentirse amenazadas. La fantasía de violación hay que tomarla como lo que es, una fantasía, una construcción no sujeta a ética que podría tener sentido como confirmación del rol pasivo de la mujer en el acto sexual, y puede que también de control y poder en general, aspiraciones históricas del ser humano, sobre todo y precisamente en el varón. Pensad que, en el reino de la imaginación, obligar a alguien a hacer algo que no quiere es más frecuente de lo que parece: que nos despierte el vecino a las cinco de la mañana dando golpes como un poseso o con la música a todo trapo puede provocar en nosotros la "fantasía" de ir a su puerta, echarla abajo de una patada, aserrarle el cuello con una motosierra y desahogar nuestra rabia contenida a mazazos sobre su equipo de alta fidelidad, pero en realidad no "deseamos" hacerlo y por consiguiente nos contentaremos con rezar un rosario de lamentos e imprecaciones. El deseo implica acción, es la puesta en práctica de algo, aunque vulgarmente solemos expresarlo más bien como "apetencia": -Mmm, me apetece tomar un café (entonces vas y te lo preparas). No es lo mismo fantasear que desear, por eso hay conflicto ético entre ambas figuras, por eso a veces fantaseamos con cosas que en realidad no queremos llevar a la práctica. Las fantasías no solo acuden a nuestra mente voluntariamente como estímulo autoerótico, pueden ser también un mero canal de desahogo del estrés, y por eso muchas veces imaginamos cosas sin buscarlo. No siempre controlamos conscientemente las cosas que imaginamos. Lo que debe quedar bien claro es que, si eventualmente coincide que el contenido narrativo imaginado es éticamente reprobable o incluso inhumano, ello no debe producirnos ni vergüenza ni culpa. Nuestras mentes pueden llegar a ser muy retorcidas y sádicas...

Las fantasías femeninas tienen más que ver con el mundo de la afectividad y los sentimientos, suelen vincular sexo y amor y recrear con ello situaciones más o menos idílicas, lo cual, por otra parte, hace que ellas lo tengan más fácil a la hora de confesárselas a sus parejas. Sus fantasías suelen ser relativamente "ingenuas": sexo en lugares románticos, sexo con famosos, sexo con desconocidos, habitualmente con buenas dosis de sensualidad y ternura, aunque también es habitual la fantasía de dominación con su pareja. El papel de la mujer en la sociedad y en la familia ha sido muy diferente del que ha tenido el hombre. Lo "maternal" siempre ha inspirado más sensibilidad y ternura que lo "paternal". No es mi intención negar el lado sensible del varón, vulgarmente llamado el "lado femenino", pero aunque esto pueda considerarse una consecuencia de roles históricos, la cultura no deja de ser una expresión y una manifestación más de nuestra propia naturaleza, así que las voces populares que expresan el sentir humano, su parte de verdad tendrán.

Aunque hablemos de tendencias estadísticas, debo insistir en que, a nivel individual, hombres y mujeres pueden tener indistintamente iguales fantasías, de tal manera que en realidad es una cuestión de personalidad, es decir, depende de la manera de ser de cada uno, el ambiente, la educación, etc. Situaciones idílicas, sexo salvaje, sexo atrevido, sustituciones de pareja, sexo homosexual, parafilias, dominaciones. Todos pueden hacer su aparición en el teatro mental de cada uno, sea hombre o mujer. Lo importante es que forman parte de nosotros, son personales e intransferibles, pertenecen a nuestra esfera de lo privado, y podemos compartirlas con quienes deseemos siempre que se haga dentro de un marco de respeto. No hay obligación de confesarlas, como tampoco hay prohibición. Que cada cual valore su situación y su relación de pareja, si la hubiere, y en función de ello decida. Las fantasías no definen la naturaleza del sujeto ni influyen en su conducta social. Son inocuas. En este sentido yo diría que son, en cierto modo, similares a los sueños, y nadie se alarma porque alguien haya soñado que vaciaba un cargador en el pecho de su jefe en el trabajo...

Otros enlaces:
Fantasía sexual
Fantasías sexuales
Fantasías sexuales de hombres y mujeres

4 comentarios:

talia88 dijo...

Un post muy currado, sí señor :-)

(Ya sabes lo que opino sobre este tema ;-) )

Noche Hermosa dijo...

Hola Anakyn..por aquí...saludando...como estan las cosas?

Daemonicus Imprimatur dijo...

Sé que no soy un monstruo... soy un demonio ;)

Maeglin dijo...

yo reconozco que no me atrevería a confesar algunas de mis fantasías...por lo menos no a cualquera...pero tampoco me siento un monstruo por pensarlas...

ME ha gustado tu post ^^

 

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