Las pruebas de la evolución

martes 14 de julio de 2009 | comentarios (0)

En estos extraños tiempos en los que, a pesar de los avances científicos, continúan con igual frescura y sin complejos e incluso con más fuerza que nunca las ideas creacionistas, aun cuando estas ideas ya han sido superadas por la mayor parte de la jerarquía católica, no está de más dedicar una entradilla a recordar, aunque sea solo sucintamente, las pruebas empíricas de la evolución.

No he escogido una imagen de Darwin para ilustrar el post de hoy, que sería lo típico, a propósito, para no darles el gusto a los creacionistas que niegan la evolución basándose en que el darwinismo original, tal como fue formulado por Darwin, no daba todas las claves del proceso que supuestamente pretendía demostrar, como por ejemplo la herencia de los caracteres. Ese darwinismo original ha sido superado por el actual neodarwinismo, que integra ideas de otras disciplinas que explican esas lagunas, en una teoría cohesionada y coherente que, si bien no lo explica todo, al menos es congruente con los hechos. He escogido una imagen de un guppy porque, al tiempo que los peces (o determinado grupo de ellos) son considerados el origen de todos los vertebrados, los guppies en concreto son el ejemplo más reciente de microevolución que hemos podido observar.

La teoría de la evolución es una explicación científica, basada en datos obtenidos por observación, que nos permite descubrir que la aparición y diversificación de las especies es un proceso natural. La Genética, la Biología molecular, la Paleontología y otras disciplinas presentan una serie de hechos que solo podemos explicar si admitimos como premisa la evolución de los seres vivos:

1- Pruebas taxonómicas. La Taxonomía es la ciencia que clasifica a los seres vivos, mediante la agrupación en clases, órdenes, familias, géneros y especies. Cada categoría taxonómica engloba grupos afines, que probablemente tienen idéntico origen evolutivo. Las especies se diferencian entre sí no solo por el tamaño, la forma y el estilo de vida, que era el único modo de clasificación de que disponían los antiguos naturalistas, sino también, más recientemente, por la composición del ADN (por lo que también podemos hablar en este sentido de pruebas genéticas).

2- Pruebas paleontológicas. La Paleontología es la ciencia que estudia los restos fósiles de seres vivos del pasado, cómo se desarrollaron y qué relaciones mantenían con su medio. En algunos fósiles se observan caracteres morfológicos que van cambiando y la progresiva complejidad de los seres vivos. Una serie filogenética está constituida por el conjunto de fósiles, ordenados de mayor a menor antigüedad, que representa la historia evolutiva de un determinado grupo animal o vegetal. Una de las más conocidas es la de los équidos fósiles, los caballos. En ella se observa un cambio morfológico gradual en el tiempo desde las primeras formas enanas, del tamaño de un perro, hasta los caballos actuales.

Aunque no es un hecho general, debido a lo limitado del registro fósil, sí que se tienen bastantes formas puente o eslabones entre dos tipos o grupos de seres distintos. Por ejemplo, Archaeopteryx es un fósil que presenta un mosaico de caracteres intermedios entre los de los reptiles y los de las aves. Hay más. Aquí hay publicada una selección de los más relevantes.

3- Pruebas anatómicas. Se basan en el estudio comparado de las formas y estructuras de órganos de diversas especies, de lo que resultan una serie de analogías y homologías con las que se pueden establecer relaciones de parentesco. Son órganos análogos aquellos que tienen una estructura interna diferente pero realizan la misma función (evolución convergente). Son órganos homólogos aquellos que tienen una misma estructura interna, pero cuya forma externa y función son diferentes (evolución divergente o paralelismo).

Algunos consideran un caso especial de homología a los llamados órganos vestigiales. Estos órganos, presentes en los individuos generación tras generación, no parecen realizar ninguna función, pero podrían indicar una relación de parentesco con otros seres vivos en su historia evolutiva. Serían órganos heredados de antecesores cuya forma de vida era distinta y por tanto con una función determinada que ya no realizan. Un ejemplo lo constituyen determinados huesos presentes en algunos tejidos de cetáceos y ofidios, que son homólogos de los huesos de la cadera de los vertebrados cuadrúpedos, de lo que deducen que cetáceos y ofidios han evolucionado a partir de predecesores de este tipo. En el hombre, el ejemplo más típico que se pone es el coxis, como remanente de la cola, o las muelas del juicio. También se han señalado otros como el músculo piramidal, los músculos del pabellón auditivo, el apéndice, el órgano vomero-nasal, el repliegue semilunar de la conjuntiva, la "carne de gallina" o el "tubérculo de Darwin".

4- Pruebas embriológicas. La Embriología es la ciencia que estudia el desarrollo de los seres vivos desde que son embriones hasta su formación adulta. Diversas experiencias han indicado que es más fácil descubrir las homologías por medio del estudio de los embriones y las larvas de muchos animales porque durante las fases de su desarrollo los órganos se parecen entre sí más que en los adultos. Una experiencia de este tipo llevó a Haeckel a enunciar su famosa teoría de la recapitulación en 1866:

La ontogenia de un organismo, es decir, las distintas formas por las que pasa en su desarrollo desde la fase de huevo hasta la de adulto, ese una recapitulación abreviada de la filogenia, es decir, de las distintas formas por las que han pasado sus antecesores en la evolución.
Aunque esta ley no es del todo exacta (muchos creacionistas atacan con dureza este punto denunciando los "retoques" que hizo Haeckel para que se apreciaran mejor las similitudes), sí se comprueba que en el desarrollo embrionario de los grandes grupos de vertebrados, los embriones, si bien no son idénticos, guardan bastantes similitudes, lo que encaja con la idea de que hayan evolucionado a partir de un ancestro común. En el caso de los vertebrados, todos los embriones poseen hendiduras branquiales (que solo funcionarán en peces y larvas de batracios), cola (que en muchos desaparecerá) y cuatro pares de arcos aórticos (que se irán reduciendo). A medida que avanza el desarrollo embrionario, la diferenciación es más notoria entre cada clase, por lo que es mucho más difícil encontrar semejanzas.

5- Pruebas bioquímicas. Lo primero que resalta la Bioquímica comparada es que todos los seres vivos tienen en común el código genético y las mismas familias de compuestos orgánicos. Todas las reacciones metabólicas que se desarrollan en los seres vivos, así como su composición química, son de una gran similitud. Por ejemplo, la hemoglobina humana y la del chimpancé tienen idéntica secuencia de aminoácidos y la del gorila se diferencia en cuatro aminoácidos de la humana. Esto quiere decir que el parentesco es mayor entre el hombre y el chimpancé que entre aquél y el gorila. Las especies de mayor similitud molecular procederían de un antecesor más reciente.

6- Pruebas biogeográficas. Al estudiar la distribución geográfica de las especies, tanto las vivas como los fósiles, se comprueba que, en general, éstas no tienen una presencia uniforme en todas las regiones del globo, a pesar de que en ellas existan hábitats apropiados para su supervivencia (véasen los casos de introducción de especies foráneas como el conejo o el zorro en Australia). Por tanto, debemos deducir que si un organismo no reside en determinada zona, no necesariamente es porque ese lugar sea incompatible con su supervivencia. Cuanto más alejadas están dos zonas, más diferencias presentan su fauna y su flora. Esto puede explicarse si se considera la existencia de barreras geográficas y la mayor o menor eficacia de los mecanismos de dispersión o locomoción de los organismos, que se mueven libremente por la naturaleza. La existencia de una barrera geográfica entre dos grupos de una misma especie en un mismo lugar, podría hacer que se modificara ese ambiente original en dos nuevos ambientes diferentes que presionarían a cada grupo de forma diferente, buscando en ellos cualidades distintas, poniendo en marcha mecanismos de evolución paralela que podría incluso conducir a la formación de nuevas especies (especiación).

7- Pruebas adaptativas. Como resultado de la presión selectiva del ambiente, se observan algunos cambios cualitativos de los organismos implicados en poco tiempo, lo que supone una prueba muy llamativa de la acción de la selección natural, que constituye una prueba de evolución, que no de especiación (como confunden muchos creacionistas). El ejemplo clásico es el del genetista Kettlewell y las polillas moteadas o falenas del abedul: Kettlewell soltó varias falenas tanto claras como oscuras y recuperó el doble de ejemplares oscuros que de claros, debido a que las aves comían más cantidad de estos últimos, pues los veían mejor. Ejemplos más recientes de microevolución los tenemos en los lagartos de las Bahamas y en las rápidas adaptaciones de los guppies.

8- Domesticación y selección artificial. A menudo la incluyen como una prueba aparte, aunque podría englobarse en el apartado anterior. Los animales y plantas domesticados que conocemos en la actualidad son diferentes de los que existían en los comienzos del Neolítico. La domesticación en la situación por la cual determinadas poblaciones animales y vegetales se adaptan al hombre, a un nuevo entorno constante de cautividad gobernado por el ser humano que, con el tiempo, suscita cambios morfológicos que se perpetúan en el curso de las generaciones. De este modo, la actividad agrícola y ganadera de los seres humanos, desarrollada a lo largo de miles de años, son una prueba más de cómo se produce la variabilidad de las formas de los organismos por mecanismos de selección, en este caso "artificiales", controlados por el hombre.

Para terminar, y a modo de ilustración, he encontrado esta sencilla presentación de diapositivas que puede servir de resumen:


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Me ha dado la idea para este post la profusa publicidad existente sobre diferentes juguetes o servicios eróticos cuyo slogan más socorrido y evocador suele ser siempre algo del estilo de "Cumple tus fantasías sexuales" o "Haz tus fantasías realidad". ¡Qué salvajada! Con las fantasías no se juega. No es ninguna tontería intrascendente. Es cosa seria. Sucede que no todo el mundo sabe que no es lo mismo el deseo que la fantasía: el primero se puede cumplir, la segunda no. Expliquémoslo.


Históricamente, las fantasías eróticas, con frecuencia cargadas de cierta "perversión", se consideraban un síntoma de enfermedad mental, en especial las que se alejaban de construcciones heterosexuales clásicas. En algunas religiones, era (y es) pecado, pues el concepto de pecado abarcaba no solo la esfera de lo real, de los hechos, sino también el mero pensamiento. En general, con o sin religión por el medio, solían considerarse conductas aberrantes fruto de una profunda insatisfacción o incluso una criminalidad implícita reprimida. En un pasado en el que no se comprendía bien la naturaleza humana, la ética, la moralidad y los valores culturales se extendían no solo a la conducta humana mostrada, sino también a la inhibida. Por tanto, no era descabellado pensar (al menos no había razones para pensar lo contrario) que las fantasías humanas eran deseos ocultos o reprimidos y por tanto se podía leer en ellas la verdadera naturaleza de las personas. Y tenemos a Freud, todo un ejemplo histórico de sexualidad reprimida, interpretando sueños y fantasías y construyendo elaboradas pajas mentales sobre el pasado traumático del paciente, en el que casi siempre el padre abusaba sexualmente de él. Pero no, las fantasías no son deseos ocultos ni reprimidos.

Valérie Tasso nos explica en su Antimanual de sexo que la fantasía y el deseo sexuales son representaciones mentales de carácter narrativo que se generan apoyándose en nuestra capacidad imaginativa. Ambos son sustanciales en nuestra condición de seres sexuados, pero son construcciones diferentes:

El deseo sexual explora nuestro imaginario erótico para nutrir esa puesta en práctica del sexo. En su tarea de composición de un deseo concreto, examina nuestro código de valores y decide, a través de él, que lo deseado es apto para ponerse en práctica. Sin embargo, la fantasía sexual nos enseña hasta dónde podemos llegar, a qué sabe el límite. La fantasía es el mapa mundi de nuestro imaginario y en su labor de redacción, no se somete a código moral alguno, por lo que rebusca sin miramientos en la caja de los miedos y saca al teatrillo, cuando le apetece, a los fantasmas; a los actores de la fantasía. La fantasía sabe que se lo puede permitir, porque su obra nunca va a ser representada. El deseo erótico excita, mientras que la fantasía erótica "propone" que nos excitemos. Por tanto, el deseo sexual es realizable a poco que las circunstancias de nuestra vida lo permitan. Tiene nuestra aprobación moral y nuestro ánimo. La fantasía sexual nunca es realizable, si de nosotros depende, y ni siquiera es muchas veces "confesable".
Por eso las fantasías pueden ser "inconfesables" (quizá estadísticamente más en los hombres que en las mujeres, ya veremos por qué) porque no dependen de nuestro sistema de valores, son pura imaginación, y en ese alarde de creatividad libertina y amoral, pueden construirse mentalmente situaciones que serían "espeluznantes" en la vida real. No debemos asustarnos, es algo natural, mientras solo suceda en el reino de la fantasía, y no, no hay que tener miedo, no es fácil que trascienda los muros de la fantasía para entrar en el de la realidad, así que podéis estar tranquilos. No sois unos monstruos.

Si echamos un vistazo al imaginario erótico de hombres y mujeres, veremos que aunque las fantasías no entienden de género, y hombres y mujeres pueden tener las mismas, quizá en general las del elenco masculino tienden a ser algo más atrevidas a la par que socialmente peor aceptadas. No hay que perder de vista que las diferencias biológicas propias del dimorfismo sexual de nuestra especie, además de la apariencia física, también abarcan la estructura cerebral y, por consiguiente, a determinados aspectos del pensamiento y la conducta; y en segundo lugar, como factor cultural, podemos señalar los diferentes roles que a lo largo de la Historia han sido sistemáticamente inculcados a hombres y mujeres en la sociedad, si bien esto a su vez bien podría ser una consecuencia de lo primero y estaríamos cerrando el círculo. Pero volviendo al terreno biológico, recordemos que en el reino animal es frecuente encontrar asociados sexo y violencia, y ambas cuestiones son reguladas bioquímicamente por hormonas sexuales, siendo la principal la testosterona. A mayor cantidad de testosterona, mayor potencial de violencia posible. Los hombres, por naturaleza, tienen más testosterona que las mujeres, así que el hecho de que la violencia rodee o se halle de algún modo presente en algún aspecto de la realidad en los varones, entra dentro de lo esperable. De este modo se entiende que las fantasías masculinas presenten habitualmente más violencia y atrevimiento, en términos generales, que las femeninas, encontrando fácilmente fantasías de dominación y encuentros en lugares públicos o bajo presión de algún tipo. También es habitual la fantasía lésbica y los tríos con dos mujeres que quizá se pueda considerar también una manifestación más de la natural virilidad masculina.

En el caso del hombre, aunque son habituales las fantasías que implican infidelidad, otro tema de encendida polémica con el sexo opuesto, quizá la fantasía con mucho más controvertida de todas, la más inconfesable, sea la violación. Las mujeres no la toleran, se sienten amenazadas. Pues esta fantasía no es nada atípica, sino relativamente frecuente. Suponer que si se imagina es que de algún modo se desea o que no disgustaría la idea, es un craso error de interpretación. Algunas películas porno incluyen entre sus escenas una violación y hay mujeres que afirman fantasear con la idea de ser violadas con violencia y dolor (aunque se podrían discutir los matices de esa supuesta violación imaginada). En cualquier caso no debe asustar ni chocar. Los hombres no deben sentirse unos monstruos y las mujeres no deben sentirse amenazadas. La fantasía de violación hay que tomarla como lo que es, una fantasía, una construcción no sujeta a ética que podría tener sentido como confirmación del rol pasivo de la mujer en el acto sexual, y puede que también de control y poder en general, aspiraciones históricas del ser humano, sobre todo y precisamente en el varón. Pensad que, en el reino de la imaginación, obligar a alguien a hacer algo que no quiere es más frecuente de lo que parece: que nos despierte el vecino a las cinco de la mañana dando golpes como un poseso o con la música a todo trapo puede provocar en nosotros la "fantasía" de ir a su puerta, echarla abajo de una patada, aserrarle el cuello con una motosierra y desahogar nuestra rabia contenida a mazazos sobre su equipo de alta fidelidad, pero en realidad no "deseamos" hacerlo y por consiguiente nos contentaremos con rezar un rosario de lamentos e imprecaciones. El deseo implica acción, es la puesta en práctica de algo, aunque vulgarmente solemos expresarlo más bien como "apetencia": -Mmm, me apetece tomar un café (entonces vas y te lo preparas). No es lo mismo fantasear que desear, por eso hay conflicto ético entre ambas figuras, por eso a veces fantaseamos con cosas que en realidad no queremos llevar a la práctica. Las fantasías no solo acuden a nuestra mente voluntariamente como estímulo autoerótico, pueden ser también un mero canal de desahogo del estrés, y por eso muchas veces imaginamos cosas sin buscarlo. No siempre controlamos conscientemente las cosas que imaginamos. Lo que debe quedar bien claro es que, si eventualmente coincide que el contenido narrativo imaginado es éticamente reprobable o incluso inhumano, ello no debe producirnos ni vergüenza ni culpa. Nuestras mentes pueden llegar a ser muy retorcidas y sádicas...

Las fantasías femeninas tienen más que ver con el mundo de la afectividad y los sentimientos, suelen vincular sexo y amor y recrear con ello situaciones más o menos idílicas, lo cual, por otra parte, hace que ellas lo tengan más fácil a la hora de confesárselas a sus parejas. Sus fantasías suelen ser relativamente "ingenuas": sexo en lugares románticos, sexo con famosos, sexo con desconocidos, habitualmente con buenas dosis de sensualidad y ternura, aunque también es habitual la fantasía de dominación con su pareja. El papel de la mujer en la sociedad y en la familia ha sido muy diferente del que ha tenido el hombre. Lo "maternal" siempre ha inspirado más sensibilidad y ternura que lo "paternal". No es mi intención negar el lado sensible del varón, vulgarmente llamado el "lado femenino", pero aunque esto pueda considerarse una consecuencia de roles históricos, la cultura no deja de ser una expresión y una manifestación más de nuestra propia naturaleza, así que las voces populares que expresan el sentir humano, su parte de verdad tendrán.

Aunque hablemos de tendencias estadísticas, debo insistir en que, a nivel individual, hombres y mujeres pueden tener indistintamente iguales fantasías, de tal manera que en realidad es una cuestión de personalidad, es decir, depende de la manera de ser de cada uno, el ambiente, la educación, etc. Situaciones idílicas, sexo salvaje, sexo atrevido, sustituciones de pareja, sexo homosexual, parafilias, dominaciones. Todos pueden hacer su aparición en el teatro mental de cada uno, sea hombre o mujer. Lo importante es que forman parte de nosotros, son personales e intransferibles, pertenecen a nuestra esfera de lo privado, y podemos compartirlas con quienes deseemos siempre que se haga dentro de un marco de respeto. No hay obligación de confesarlas, como tampoco hay prohibición. Que cada cual valore su situación y su relación de pareja, si la hubiere, y en función de ello decida. Las fantasías no definen la naturaleza del sujeto ni influyen en su conducta social. Son inocuas. En este sentido yo diría que son, en cierto modo, similares a los sueños, y nadie se alarma porque alguien haya soñado que vaciaba un cargador en el pecho de su jefe en el trabajo...

La polémica está servida.

Otros enlaces:
Fantasía sexual
Fantasías sexuales
Fantasías sexuales de hombres y mujeres

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El cine de acción americano más taquillero de los años 80 y 90 contó con dos figuras características de la época que además de ganarse la admiración de su público lo hicieron creando dos bandos casi enfrentados: los fans de Jean-Claude Van Damme por un lado, y los fans de Steven Seagal por el otro. En aquella época, o estabas con Van Damme, o estabas con Seagal. Era interesante ver que además eran dos estilos de acción de artes marciales completamente diferentes: la soltura y fluidez de Seagal y sus llaves de Aikido con las que desviaba y fulminaba a sus enemigos casi sin despeinarse, frente al contacto directo del belga, el cual a menudo recibía casi más que sus propios enemigos hasta que al final se calentaba, lograba reponerse y finalmente ganaba casi milagrosamente el combate que ya todos dábamos por perdido. Eran dos enfoques diferentes: Steven Seagal, al no recibir nunca, junto a sus dimensiones naturales, ofrecía una imagen de luchador indestructible, aunque transmitía una imagen errónea del significado y utilidad práctica del Aikido. Van Damme, por el contrario, apostaba por el recurso, muy explotado en el cine de acción de artes marciales de aquellos años, de transmitir debilidad hasta llegar a un extremo máximo de presión en la propia trama de la película, en la que el héroe saca fuerzas de donde no parecía posible y da la vuelta al marcador en un instante.

Ambos actores son artistas marciales en la vida real, aunque cada uno, claro está, en su estilo. Ambos se iniciaron en las artes marciales muy jóvenes. El belga es cinturón negro de Karate Shotokan, aunque ha estudiado también otras disciplinas, además de ballet. Seagal por el contrario ha llegado más lejos en el estudio de las artes marciales. Aprendió Karate del maestro Fumio Demura y en Japón estudió Aikido, Kendo, Budismo y Zen. Se le considera un experto en artes marciales, aunque también toca la guitarra en una banda (en la película Infierno bajo tierra toca también la guitarra).

Aunque ambos siguen sacando películas, la carrera cinematográfica de ambos actores se halla en franca decadencia. Las buenas películas que dejaron huella fueron las de finales de los 80 y principios de los 90, con guiones aceptables e incluso con "mensajes filosóficos", las producidas, en líneas generales, por la Warner Bros o la 20th Century, en el caso de Seagal (Por encima de la ley, Difícil de matar, Señalado por la muerte, Buscando justicia, Glimmer man, Alerta máxima, Alerta máxima 2, En tierra peligrosa e Infierno bajo tierra, se pueden considerar las buenas), y las de la Universal Pictures, la Columbia Pictures o la Cannon, en el caso de Van Damme (Contacto sangriento, Cyborg, Kickboxer, Libertad para morir, Soldado universal, Blanco humano, Timecop, Muerte súbita, Al límite del riesgo y Double Team). En conjunto, por marcar límites, para ambos actores sería aproximadamente el período comprendido desde 1988 hasta 1997. Justo esa década es la "buena". Después estas grandes productoras perdieron el interés y los actores empezaron a protagonizar películas de mucha menor calidad para otras productoras más mediocres con malos guiones y peores interpretaciones y direcciones. Alguna hay que se salva un poquito más, pero nada que ver con las primeras. Además, los años no pasan en balde y ambos actores han descuidado bastante su imagen y su salud.

Ver también Street Fighter: Van Damme vs Seagal
Ver también Sagas cutres: hoy Bloodsport

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Hoy vamos a hablar de conducción deportiva, pero no de los aburridos aspectos técnicos que convierten a muy pocos elegidos en auténticos correcaminos de metal, sino de la otra cara del automovilismo, el lado oscuro de todo conductor que, al contrario que los conductores de carreras, esto es igual para todos independientemente de su sexo, tamaño, forma, habilidades, condición social, religión u opinión, y también independientemente del tipo de vehículo que se conduzca. Hoy vamos a hablar, amigos, de la característica principal inherente al acto mismo de conducir: el automovilístico arte de insultar.

Yo he sido testigo (y, debo confesar, también sujeto-objeto) de auténticas metamorfosis de la personalidad al volante. ¿Qué nos ocurre? ¿Por qué nos volvemos tan malhablados? ¿De dónde sale tanta agresividad reprimida? Porque todo el mundo sabe que el doctor Jekyll no se toma ninguna poción para convertirse en Mr. Hyde, lo que ocurre en realidad es que sale a darse una vuelta con el coche por el centro de Madrid.


¡Estoy hasta los cojones de que se me crucen en las rotondas!


A ver, ¿hay algo más desesperante que encontrarte a un camión al que no puedes adelantar? ¡Sí! ¡Encontrate a un camión adelantando a otro camión! Que alguien me explique por qué, si un camión va a 70, el otro se pone a adelantarlo a 71, porque si no no se explica, que yo un día iba recién afeitado, me encontré con un par de estos, y cuando me quise dar cuenta ya rascaba otra vez.

Más cosas. ¿Como norma general hay que circular siempre por el carril derecho y usar el izquierdo solo para adelantar? El que impuso esto no sabe lo que es ir por la derecha en la autovía de Castilla, que tiene más baches que granos la cara de un adolescente. Pues yo voy por la izquierda, que de las vibraciones por la inestabilidad del terreno corres el riesgo de salir volando con coche y todo, y si viene alguien dándole cera por detrás me aparto para que pase y punto. Y si no que tengan las carreteras como las tienen que tener, ¡leñe!

Autovía AP-66, de peaje. 10,60 euracos por circular por una gincana carretera que siempre tiene tramos en obras con carriles adicionales circunstanciales y otros habilitados en sentido contrario al habitual. A este paso va a salir más rentable ir por el Puerto de Pajares...

Cuando conduces, solo hay dos clases de conductores: tú y todos los demás. ¿Y cómo van los demás? Depende, hay de todo un poco, lo que incluye a gente que está para encerrar. Puedo entender que no porque se tenga un Audi, un Mercedes o un BMW hay que darle cera, tal vez lo tienen solo porque les gusta estéticamente y punto, lo cual me parece perfecto. Respeto, aunque no comparto, que los conductores de estos potentes carros vayan a 90 ó 100 por la autovía permitiendo que les adelanten Clíos y Twingos. Lo que ya no entiendo es que el mismo BMW que antes tuviste que adelantar en autovía descubierta porque iba casi haciendo caravana a 80, luego, ¡en pleno túnel limitado!, ¿te pegue una pasada a 150?

Luego están los que adelantas, luego te adelantan ellos, luego los vuelves a adelantar tú y así sucesivamente. Es un tema que me preocupaba tanto que reflexioné sobre ello y tengo una teoría al respecto: a esta gente se le olvida que está conduciendo, deben de tener algún tipo de amnesia repentina especial en función de la cual dejan de pisar el acelerador en lugar de mantener siempre una velocidad más o menos constante.

Mis favoritos son los conductores innovadores, aquellos que están hartos de hacer siempre lo mismo y prueban experiencias nuevas. También son los que poseen una orientación política neutral, ni conservadora ni progresista. Me estoy refiriendo a los que, cansados de ir por la derecha y por la izquierda, prefieren ir por el medio.

A todos ellos y a muchos más, desde lo más profundo de mi corazón y con toda la sinceridad que cabe en él, ¡que os den por culo, gilipollas!

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Sobre la relatividad de las verdades

miércoles 24 de junio de 2009 | comentarios (3)

Fragmento de la entrevista realizada al neurocientífico Ralph Adolphs para el programa REDES ("Otelo: celos en negro"), donde comenta algunas ideas interesantes relacionadas con el determinismo biológico y cultural. El programa trata el tema de los celos amorosos, pero este fragmento de la entrevista trata aspectos más generales. Ralph Adolphs es profesor de neurología del comportamiento y nos dice que buena parte de él está guiado por las emociones. Ahora bien, lo interesante es lo que plantea: ¿hasta qué punto podemos responsabilizarnos a nosotros mismos por nuestro propio comportamiento emocional? representando esto una intersección con los problemas de la dicotomía biología/cultura por un lado, y el problema ciencia/ética por el otro. El ejemplo que pone igual no es el más representativo, pero me parece válida y acertada la idea general sobre los dos errores que la gente suele cometer cuando se habla de cuestiones éticas y morales, de lo que es correcto y de lo que no es correcto hacer:


Es interesante lo que comenta acerca de la necesidad de establecer lo que importa y lo que no como premisa básica definitoria en asuntos éticos o morales, y como consecuencia en aquellos temas en que la Ética se cruza con la propia Ciencia, por ejemplo los problemas bioéticos. Al tratar asuntos como el aborto, la clonación o la eugenesia, las actuaciones que definamos como correctas o adecuadas dependerán en gran medida de los elementos del fenómeno en los que centremos nuestra atención al valorarlo, de lo que consideremos que importa o no importa tomar en consideración.

Por ejemplo, al tratar el tema del aborto, del que ya hemos hablado un poco en otra ocasión, dependiendo de en qué nos fijemos, podemos llegar a unas conclusiones o a otras. Precisamente la problemática en este asunto es que no todos los que lo valoran lo abordan desde el mismo punto de vista. Los que se oponen a él, se centran en la incipiente vida que está por venir. Vale, es un punto de vista, pero hay más: ¿por qué en el caso de violación sí se permite? si lo que importa es el crío, ¿qué culpa tiene éste? Sucede que en este caso lo están abordando desde otro punto de vista diferente: la salud de la víctima (tanto la física como la psicológica y social). La clonación y la eugenesia se pueden analizar de forma análoga. Como véis, todo depende del criterio que utilicemos, el cual puede variar.

¿Y cómo saber qué criterio es más adecuado? Hablaré con franqueza. En mi experiencia personal, he llegado a la firme convicción de que lo que realmente importa, lo que realmente es decisivo es nuestro propio beneficio, obrar según nuestros propios intereses, algo que parece estar mal visto en una sociedad que mantiene con suma hipocresía una serie de prejuicios heroicos heredados de tal manera que, por ejemplo, el sacrificio incondicional por los demás (aunque sea inútil) es valorado de forma más positiva que el egocentrismo cuando, en realidad, todos somos (y los que no lo son desearían serlo) egocéntricos y, hasta cierto punto, egoístas. Reivindico el derecho a mirar por uno mismo, porque en realidad, en la práctica, todos nos movemos siguiendo más o menos nuestros propios intereses (otra cosa es que procuremos hacerlo sin dañar a terceros, perfecto) por mucho que la gente se esfuerce en ocultarlo bajo los tópicos de lo éticamente correcto, e incluso me atrevería a decir que el egoísmo, al menos hasta cierto punto, es natural, biológico. La vida es egoísta. El mundo es una jungla y en las junglas la única ley de supervivencia existente es la del más fuerte (o ágil, astuto, lo que convenga). Podremos ser humanos, pero eso no cambia la naturaleza ni las reglas del "concurso". Por otra parte eso tampoco cambia nuestra propia naturaleza porque en esencia somos vida y la vida es así, dura, cruel, fría e indiferente, de una precisión casi matemática asquerosamente bella.

Saludos.

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Aprobado el anteproyecto de la nueva Ley del aborto, los obispos piden a los diputados católicos que sean coherentes con su fe y rechacen la propuesta. No me sorprende en absoluto, conocidas ya de sobra las ideas que sustentan la fe católica que predica la Iglesia, cuyas "batallitas" acostumbro a contaros de vez en cuando en este espacio, sobre todo en lo concerniente al tema de la sexualidad. Sin embargo, lo que me toca las narices son los "argumentos" (por llamarlos de alguna manera) que emplean estos clérigos:

El anteproyecto presentado, afirma la institución, "constituye un serio retroceso respecto a la actual legislación despenalizadora, ya de por sí injusta" por lo que "tampoco debería" respaldar esta iniciativa "nadie que atienda a los justos imperativos de la razón".
Me hace gracia que la Iglesia hable de retroceso cuando sus propios principios bien podrían considerarse retrógrados en muchos aspectos, así como la llamada a la Razón (primero apelan a la fe de los políticos y ahora les llaman a la Razón). Siempre he pensado que la fe y la Razón eran incompatibles.

Señalan también que "el embarazo no será nunca de por sí una enfermedad aunque pueda conllevar complicaciones de salud" y que, por tanto, "abortar no es nunca curar, es siempre matar".
Vaya, parece que lo tienen muy claro. No sé por qué entonces hay tanta polémica sobre el asunto en los comités de bioética...

En su opinión, quienes opinan que un feto de varias semanas no es un ser humano piensan así porque "es muy duro reconocer que el fruto de la fecundación es un ser humano" ya que hacerlo y defender a la vez el aborto, sería "como reconocer que hay un derecho a matar un inocente".
Un feto de varias semanas no es un ser humano porque si lo fuera, sería un ser humano. Vaya, no se me había ocurrido. ¿Y no lo es porque pensar que lo es sería duro? Parece que tienen claro que "no serlo" es la consecuencia y no la causa. Misterio resuelto.

El broche de oro:

"El Estado no puede imponer ninguna moral a todos, ni una supuestamente mayoritaria", declaran los obispos.
Di que sí, aquí la única moral que debe ser impuesta es la católica, con dos cojones.

Hala, ya me he desahogado :-P

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Nuevo caso americano de escándalo relacionado con publicidad de corte erótico. Ya comentamos el caso de Eva Mendes y la censura del spot publicitario de un perfume de Calvin Klein. En este caso son pantalones y la polémica firma neoyorquina, de quien la Wikipedia nos dice que es conocida por sus llamativos anuncios y que además es acusada por varias organizaciones conservadoras por usar modelos aparentemente menores de edad en poses semiprovocativas, vuelve a hacer de las suyas con una enorme valla publicitaria de marcado tono erótico que algunos ciudadanos del barrio neoyorquino de SoHo, donde se halla ubicada, consideran que es de un tono demasiado elevado e innecesario para el simple objetivo de anunciar unos pantalones.



Sigo sin ver dónde está el escándalo en este tipo de cosas. Imagino que será lo de siempre y que los que protestan son los que no ven el sexo o la sexualidad humanos como algo natural que ¿por qué no iba a ser mostrado? Otra cosa es que se haga un uso machista del sexo en la publicidad, que a veces ocurre. Pero si es "neutral", ¿por qué no? Como seres humanos, nuestra cultura rebosa sexo y sexualidad por todos los poros de nuestra piel, queramos o no, simplemente por nuestra condición biológica de seres sexuados. Y es que, aunque practicásemos la abstinencia, no por ello dejaríamos de "ser sexo".

Saludos.

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