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23/8/09

Lo que todas las parejas deberían negociar

En diciembre de 2006, The New York Times publicaba un artículo titulado "Preguntas que las parejas deben hacerse (o desearían haberse hecho) antes de casarse" (el artículo original en inglés aquí). El texto plantea quince certeras cuestiones, algunas más trascendentes y otras aparentemente más triviales pero que cobran una insospechada importancia de cara a la convivencia. Y es que muchas parejas caen una y otra vez en la misma trampa. Abordan con ilusión y energía una vida en común para descubrirse, un buen día, confusos, decepcionados o, en el peor de los casos, quemados, porque aquello no era lo que habían imaginado.

En realidad tampoco se habían imaginado nada en concreto, y ahí está el problema: no dedicar un tiempo a hablar de ello. Creen que no es necesario o en la mayoría de los casos ni se lo plantean, están enamorados y eso basta, se quieren y eso es suficiente, pero por desgracia no, quererse no es suficiente. La química está muy bien en el enamoramiento, en la etapa inicial, pero para la convivencia, cuando se trata de construir una vida en común, con amor no basta.

Cuando hablamos de convivencia, de construcción de una vida en común, entra en juego una nueva palabra que no depende del amor, sino de la voluntad: compromiso. Es un error pensar que porque dos personas se quieran, todo irá sobre ruedas. La sensación interna de que todo es perfecto y que por tanto las implicaciones del compromiso podrán abordarse sin ningún tipo de problemas, es engañosa, es una trampa. No podemos dejarnos llevar exclusivamente por nuestros sentimientos, por mucho que las canciones y las comedias románticas se empeñen en ello.

Abordaremos ahora algunas de las cuestiones propuestas en el artículo, a las que añadiremos algunas más que considero de especial trascendencia, tratadas en el libro Vivir bien en pareja: 10 claves para una relación estable y duradera, de María Helena Feliu. Por supuesto, no hay que tratar estas cuestiones al principio de cualquier relación, en plan "Hola, me llamo Fulanito, soy virgo, me gustas pero quiero dejar claro antes de nada que no quiero tener hijos, ronco por las noches y aprieto el dentífrico por la mitad". Son cuestiones para tratar antes de casarse o de iniciar una vida juntos, en el caso de que se llegue a eso.

1- Fidelidad: ¿Qué tipo de fidelidad debemos esperar uno del otro?

Hay que definir el tipo de compromiso que se desea adoptar, porque no hay un solo modelo y es fácil que se den por sentadas cosas que luego resulta que no eran entendidas de la misma manera por ambas partes. No vale con decirse "Venga, ya está, vamos a ser fieles". Como si la palabra fidelidad tuviera un único significado. Deben preguntarse qué entienden por fidelidad, porque no todo el mundo siente celos de las mismas cosas o no todo el mundo considera la traición o la infidelidad en los mismos términos: para unos es un beso, para otros basta una mirada de deseo, otros fijan la barrera definitiva en el coito, otros separan fidelidad sexual de fidelidad emocional. Hay que hablar de ello.

2- Hijos: ¿Vamos a tener hijos?

No es una pregunta baladí, es de la máxima importancia. No vale con decir "Bah, de momento no nos interesa, ya veremos más adelante". Algunas parejas acaban mal porque uno de los dos quiere tener hijos y el otro no, aun con años de convivencia a sus espaldas. ¿Por qué no lo hablaron primero? También hay que tener cuidado porque en algunas ocasiones sucede que se habla y se ve la discrepancia desde el principio, pero deciden seguir adelante pensando, puede que incluso inconscientemente, "bah, ya le convenceré", "cambiará de opinión", o la no menos injusta "si me quiere, no se opondrá". Tener hijos no es un "capricho", es algo muy serio.

3- La economía familiar: ¿Cómo vamos a manejar los ingresos y los gastos?

¿Unimos los sueldos? ¿Qué paga cada uno? También hay que hablar de esto. Se puede disponer de una única cuenta común a la que van a parar los ingresos de ambos y todos los recibos que deben pagar, pero no todo el mundo está satisfecho con esta opción, y ciertamente pueden generarse conflictos de intereses en la pareja si no se acuerdan las cosas. Muchos jóvenes que vivían en el hogar paterno libres de cargas y con plena disposición de sus ingresos, de repente se ven hipotecados y teniendo que pensárselo dos veces antes de concederse un capricho, lo cual puede crear problemas de otro tipo: frustración, desencanto, sensación de escasa libertad... Otra opción puede ser disponer de una cuenta común para los gastos de la relación, a la que por ejemplo pueden contribuir de manera proporcional a los ingresos particulares, y luego aparte cada uno tiene su propia cuenta para el resto de su sueldo, lo que puede generar mayor sensación de libertad y desahogo, si bien esta opción solo es posible si los ingresos superan los gastos. Sea como fuere, es un tema que hay que tratar.

4- Las tareas domésticas: ¿Cómo vamos a llevar a cabo las tareas de la casa?

Las responsabilidades del hogar es uno de los núcleos de discusión más típicos en la pareja. Parecen nimiedades, pero crean conflictos severos. Muchos no le dan excesiva importancia al asunto y lo despachan con un simple "lo haremos todo entre los dos", convencidos de la eficiencia del pacto. Los problemas vienen después cuando uno ve que asume más tareas, o que el otro no es ordenado, o simplemente tienen conceptos distintos acerca del nivel de limpieza y orden exigible. ¿El aspirador hay que pasarlo todos los días o basta una vez por semana? ¿Con qué frecuencia hay que limpiar los muebles? Fácilmente puede ocurrir que ambos posean grados distintos de tolerancia a la suciedad, por ello es necesario armonizar los criterios, y este es un tema difícil porque existe un fuerte condicionamiento conductual, ya que esos criterios han sido firmemente inculcados en el hogar paterno.

5- Sexo: ¿Conocemos nuestras necesidades y preferencias sexuales?

Si dos personas que se quieren solo se pueden ver de cuándo en cuándo, no suele haber problemas. En cambio, la convivencia puede poner de manifiesto diferencias de libido que conviene tener en cuenta. Sobre este tema se ha hablado mucho en diferentes medios y es causa de preocupación de mucha gente: ¿cuál es la frecuencia normal? ¿qué prácticas son normales y cuáles no? No hay datos precisos que sirvan para todo el mundo por igual, así que lo que es normal para unos puede no serlo para otros, y sobre gustos no hay nada escrito. Mientras no sea perjudicial para ninguno de los dos, si se desea es perfectamente válido. También aquí cabe la negociación. Ambos deberán hablar de ello y fijar los términos de una buena comunicación sexual que contemple los posibles períodos de inapetencia que puedan darse. Otro motivo de disputa más frecuente de lo que parece es el relativo al empleo de métodos anticonceptivos. Muchas parejas no se ponen de acuerdo en este importante punto: ellos no quieren usar preservativo, ellas no quieren tomar hormonas...

6- Amigos y familia de cada uno: ¿Nos gustan y respetamos a los amigos y familia de nuestra pareja?

¿Considero que interfieren en nuestra relación? No nos engañemos, también hay parejas que acaban mal por culpa de los padres de uno de los dos. El mosaico familiar es amplio y variado. Las familias pueden ser muy dispares, pudiendo haber choques entre esquemas mentales diferentes. En principio pudiera parecer que la familia no tiene por qué interferir, pero la realidad es que no todos tienen el mismo grado de afinidad respecto de su propia familia, habiendo familias-clan en donde sus hijos arrastran a sus parejas a su propio círculo pudiendo desgarrar el núcleo de la familia del otro. Ambos deberán acordar qué grado de implicación van a consentir a sus respectivas familias de origen.

7- Tiempo libre: ¿Qué vamos a hacer en nuestro tiempo libre?

No, la respuesta "estar juntos" no es ni obvia ni válida. Habrá que hablar también de ello porque no todo el mundo distribuye su tiempo de la misma manera, y hay quien desea pasarlo con su familia, amigos y pareja a partes iguales y hay quien establece distintos "porcentajes" de tiempo a pasar con cada uno de esos tres elementos, y en función de cómo sea esa distribución puede haber conflicto con la pareja, así que mejor dejar claras las preferencias desde el principio.

Podéis añadir las preguntas que se os ocurran, por ejemplo: ¿tendremos mascota? De eso se trata: que cada pareja adopte su propio contrato, basado en sus particulares necesidades, que no tienen por qué ser las mismas para todos. De las cuestiones menores que plantea el citado artículo, me ha llamado poderosamente la atención la relativa a la presencia o ausencia de televisión en el dormitorio. Y es que puede parecer una tontería, pero es fuente de disputas entre quien desea disfrutar de la comodidad de ver una película en la cama y quien no puede dormir con ruido y luz en el dormitorio aunque se baje el volumen. En palabras de George Bernard Shaw: El matrimonio es una alianza que se establece entre un hombre que no puede dormir con la ventana cerrada y una mujer que no puede dormir con la ventana abierta. Y quien dice matrimonio, dice cualquier compromiso formalmente establecido.

1 comentario:

Noche Hermosa dijo...

Sería ideal, cuestionarse de antemano antes de nadar entre esas aguas,tal y como lo planteas

El esfuerzo se hace..pero sin ir mas lejos de convivir juntos ya hay diferencias, imaginalo ya cuando ambos estan metidos en la olla ja ja ja

Pienso que el sentido literal de que "nos queremos y basta" implica ciertamente, que mientras exista el cariño obviamente existiran las ganas de resolver los conflictos..sino pues para que tanta parafernalia :)...claro, no es que con cariño se solucione todo porq esto no es así, pero sin el sentimiento entonces no habria la necesidad de meterse en el paquete :D

te dejo muchos cariños.

 

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